Guardianes de la naturaleza

Cuidar es una de las acciones más nobles que pueden realizar las especies vivas: lo hacen las aves cuando protegen a sus pichones en los nidos, las enfermeras que se desvelan para atender a sus pacientes en un hospital o los hijos que supervisan el día a día de sus ancianos padres. Los cuidados casi siempre los reciben seres vulnerables, y cabe preguntarse: ¿quién cuida el humedal de Los Pantanos de Villa, ese que no tiene voz para decir “me ensucian”, “me hacen daño”, “me van a desaparecer”?

  • Luis Francisco Palomino

El 05 de abril, alrededor de las once de la mañana, un equipo de la municipalidad de Chorrillos acudió de emergencia al área natural protegida de Los Pantanos de Villa. Alguien había hundido un par de sillones viejos en la laguna que encara el asfalto de la Prolongación Huaylas, una avenida desolada que rodean silenciosos juncos. Mientras el sofá de dos cuerpos se extraía con trinches del agua, los trabajadores se dieron cuenta de que también había residuos de desmonte, entre otros desperdicios arrojados al humedal.

Casi un mes después de ese “rescate”, el viernes 21 de mayo, 59 miembros de los serenazgos de Santiago de Surco, San Juan de Miraflores, Chorrillos y Villa El Salvador se graduaron como parte de la primera promoción de serenos ecológicos que resguardará Pantanos de Villa.

Uno de ellos es el señor William Zavala. Este sereno del distrito de Surco, que trabaja en la prevención de delitos desde 1996, rondará continuamente uno de los trece sitios Ramsar en el Perú, lo cual es una responsabilidad mayor si se considera que el Lago Titicaca, la Reserva Nacional Pacaya Samiria y los Bofedales y Lagunas de Salinas son otros patrimonios naturales peruanos incluidos en esa lista internacional que propuso la Unesco en 1971.

La realidad de Los Pantanos de Villa es paradójica: se trata de un lugar peruano que se cuida desde el extranjero pero que no ostenta el mismo valor para ciertos compatriotas que lo contaminan permanentemente. El señor Zavala, que patrulla la zona de Villa Baja, elabora el siguiente resumen:

“Hemos encontrado vehículos robados,  se han dado persecuciones con balacera a delincuentes que después de robar llegaban al sector 9 [ubicado en la Zona de Reglamentación Especial] y siempre se escondían en los Pantanos, porque era una zona sin luz”.

La falta de seguridad es uno de los defectos en los que ya trabaja la Autoridad Municipal de Los Pantanos de Villa (PROHVILLA): se levantará un cerco perimétrico de aproximadamente dos kilómetros en la zona de la avenida Huaylas y se instalarán diez cámaras de videovigilancia en los puntos con mayores riesgos. Cercar este refugio de vida silvestre, con el objetivo de protegerlo, es una acción que se complementará con la distribución de sombras vigilantes a lo largo y ancho de su territorio: a la vista de todos, como postes, u ocultos en los juncos siempre habrá ojos atentos a cualquier conducta sospechosa.

“Estaremos más pendientes de que no se vierta relleno en los humedales, de que no se laven los carros, de que la gente no se bañe en los canales de agua porque todo eso perjudica al ecosistema. Yo soy vecino, sé de lo que hablo. En 1970 había como tres mil hectáreas de Los Pantanos de Villa, ahora solo quedan 268; y solo hay tres de los siete manantiales que existían”, dice el señor Zavala, uno de los 45 serenos ecológicos que Surco aporta a la lucha por el mañana verde.

Ese grupo, junto con los serenos de los demás distritos, fue capacitado por personal de fiscalización de PROHVILLA para que la defensa de los Pantanos no sea únicamente con silbatos y cachiporras. A su experiencia persiguiendo hampones, balas más, balas menos, el señor William Zavala le acaba de sumar el conocimiento legal: cuáles son los delitos ambientales y qué hay que hacer con los infractores. Ello, gracias a la participación de aliados como la Universidad Científica del Sur y la Escuela Metropolitana de Serenos, que proporcionaron la información académica más relevante, de modo que la primera promo de Serenos Ecológicos cuenta con una formación doblemente certificada. Pero no será suficiente con su misión, dice el señor Zavala, si no hay un trabajo integrado de los distintos agentes.

“En nuestras unidades siempre hay un policía. Haremos intervenciones rápidas, vamos a llevar a los infractores a la comisaría. Pero también deben actuar los del Ministerio del Ambiente y los de fiscalización de cualquiera de los distritos”, dice William Zavala.

El resultado del programa de serenos ecológicos de PROHVILLA no es solo este ejército de guardianes de la naturaleza, sino la conquista de un espacio en sus conciencias: ellos también han entendido la importancia de mantener vivo nuestro medio ambiente. Desde ya, se despliegan por el suelo de su jurisprudencia y han intervenido a lavadores de carros que ensucian el agua que alimenta el humedal.

Los Pantanos de Villa son un pulmón para la zona, es uno de los lugares naturales que todavía sobreviven en Lima. Permiten que la migración de las aves se lleve a cabo de la mejor manera. ¡Nadie se imagina la cantidad de aves que vienen desde Canadá! Mientras no los cuidemos, posiblemente desaparecerán”, advierte el señor Zavala.

Qué curiosos son los humanos: seres preparados para cuidar de otros que en ocasiones necesitan que los cuiden de sí mismos para no destruir su propio hogar. Felizmente, también existen hombres como el señor William Zavala.

Antes de despedirse, afirma con seguridad:

“Vamos a defender los Pantanos de Villa de cualquier amenaza”.

Con 25 años trabajando en el cuidado de la ciudadanía, sus palabras se oyen como un silbatazo para alejar a los enemigos.

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