Solo un hombre interesado en el medio ambiente

Por: Bryan Barona

En la sala de su hogar de los Huertos de Villa, Juan Carlos García Carreño ve la tevé junto a su esposa, la eterna vecina chorrillana de 36 años de quien dichosamente se enamorase para luego concebir a dos aún pequeños hijos: un varoncito y una mujercita (los diminutivos no son sino proporcionalmente inversos al natural cariño grande y extraordinario con el que un buen papá o abnegado jefe de familia —nacido en La Victoria y mecánico automotriz de oficio— se refiere en tales afectos a los suyos: él, más chico todavía; ella, la primogénita de sus ojos con lentes de medida ya pesando los 40 de edad).

La discusión dentro de la tele (bajo la fría luz del foco de ese espacio común domiciliado en Premio Real para conversas respecto al cole de los niños y otras demandas urgentes propias de esta cotidianidad conyugal) va en torno a unas cifras lanzadas por la NASA, susodicha agencia gubernamental norteamericana próxima a tratar directamente con rutas de estrellas y asteroides sobre el firmamento del mundo que, desde Lima, ni Juan Carlos ni su mujer ni ambas guaguas —en su pura ilusión de caricatura fabulosa— pudiesen admirar nunca gracias a nuestro telón de smog y humedad costera invariable, instagrameable si acaso la popular panza de burro recostada en los cielos de Chorrillos fuera digna de solapar décadas tras décadas de deterioro contaminante humano y una oquedad así de inmensa en la fragilísima cáscara que es la capa de ozono…         

Del año 96 a la fecha, afirmaba el reporte de la NASA, la Tierra ha recompuesto un 20% de verde, está más reforestada o, mejor dicho, está reforestándose: eso es totalmente alentador; da mucha alegría. García Carreño (que, pese a haber vivido buen tramo de su adultez en las inmediaciones de la bravura marítima de La Perla, no es sino victoriano de sangre; valga decir, adolescente que fue pulido y criado en medio de esa maraña pintoresca y uniforme de blocs habitacionales del barrio de Matute) es un hombre que, con el mismo compromiso y devoción con que se da a los seres que habitan dentro de las cuatro paredes de su morada al sur de la ciudad, va a apuestas afectivas-altruistas igualmente mayores.

La conservación ecológica mundial y preservación de los humedales de Villa, entre los vecinos de su comunidad en los Huertos, es una de las banderas de lucha-misión que ha empuñado a consciencia con la propia mano que, en ocasiones de chamba por gusto a su vocación automotora y por granjearse el pan de su mesa familiar, hace ese emprendimiento a comodidad y complacencia del llamado de tu puerta que él bien titula “spa para autos”: empresa delivery dedicada al tratamiento de brillos en las pinturas de vehículos de marca varia, limpieza total a las alfombras e interiores de estos, pulimentados y demás. Me dedico, pues, a engreír a los coches de mis clientes a domicilio; es lo que me gusta, lo que me apasiona.

Sus apasionamientos, ya se mencionó, también se desbordan de extralaborales o no simplemente lo impulsan a proveerles de un estable futuro a sus nenes en la despensa de la casa, sino que estas motivaciones diríase que así de entregadas y vehementes asimismo responden a una tremenda importancia o relevancia —dicho en adecuado argot villapantanero, prohvillero— ecosistémica. Para el resto: vecinos, no vecinos, gente tan alejada del radio perimétrico de su voluntad transformadora medioambiental (como quien, en una habitación al lado de un par de terrosas laderas de casitas apiñadas hasta dar con la bruma de las nubes, escribe estas líneas; desde San Juan de Lurigancho).

Desde hace 5 años —es decir, a su arribo al distrito o la dicha de congraciarse en matrimonio con una lugareña de toda la vida—, Juan Carlos García Carreño descubre PROHVILLA y, dado su interés en un planeta más limpio (más justo, más óptimo y menos mezquino con la Naturaleza), toma acercamiento con la institución municipal metropolitana a fin de sumarse a una contribución de consciencia que difundir a través de personas de su cuadra y urbanizaciones aledañas, allegados y parientes de un círculo en un alcance geográfico mayor: pasó a ser un eslabón más en la cadena de concientización de vida y cuidado silvestre de lo que hoy por hoy se conoce como el grupo de Promotores Ambientales Comunitarios, programa de difusión diseñado para, en conjunto, aprender o revaluar conocimientos en torno a nuestro entender respecto a un sitio RAMSAR como Pantanos y su envergadura útil y sana para la sociedad en general. De aquello han transcurrido aproximadamente 7 meses.   

Toparme con la tranquilidad y vegetación de Huertos de Villa, saber que iba a estar rodeado de sus cuerpos de agua, fue bastante impactante para mí; sobre todo porque, de chico, allá en La Victoria, mi padre siempre me había hablado de un estanque depositario del río Huatica, entre las avenidas Abtao y México: un afluente de la zona durante los 50 o 60 que, debido a la expansión urbana y sus edificaciones, desapareció por completo y con el que, claro, me hubiera encantado convivir, poder presenciar. Imagínate ahora: algunos de mis vecinos se quejan por la humedad o las dificultades que esta acarrea dentro de sus casas, pero hay que ser más tolerantes y comprender que de allí hemos venido, que el hombre deriva de una fauna y una laguna originalmente porque así Dios lo decidió como humanidad. Si se inundase mi hogar, me tocará, al modo de cuando ocurre en la Selva, apilar unos troncos y hacernos una choza que sea resistente y soporte los flujos del agua, encima del río, y sencillamente adaptarnos. Hay que entender y cuidar lo que tenemos.

Y García Carreño —tal cual sucediese con la nota informativa de la NASA que en su televisor venía observando al alimón con su amada, la compañera dadora de luz de sus dos menores criaturas y la felicidad plena, su doméstica dicha— parece dejar una reverdecida esperanza sembrada en el aire para concluir pensando que la fe en la colectividad de los seres humanos no es una cuestión ni inexistente ni mucho menos flor ya marchita.

1 comentario en “Solo un hombre interesado en el medio ambiente”

  1. Juan Carlos García Carreño

    Gracias por la nota es alentador desde mi hogar y las personas que me conocen y apoyan esta causa, y si es muy bien colocado el adjetivo de eslabón. Y a seguir Salvando Los Huertos de Villa en Chorrillos. Un millón de gracias.

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