Limpiando el Paraíso

Durante esta pandemia, la desinfección de los lugares públicos se volvió una misión de vida o muerte. Así, seis mujeres armadas de escoba y recogedor se convirtieron en las heroínas del sitio Ramsar Pantanos de Villa. Esta es la historia de una de ellas.

  • Por: Luis Francisco Palomino

A partir de las 07:30 de la mañana, seis mujeres barren diariamente las avenidas Defensores del Morro y Hernando Lavalle de Chorrillos o el frontis de Los Pantanos de Villa, el único refugio de vida silvestre de la ciudad. Una de las expertas en maniobrar escoba y recogedor es Marlene Pacheco, quien desde hace un par de años se responsabiliza de que el humedal reciba con su mejor cara a los visitantes.

Apoyadas de escobas, recogedores, tachos y bolsas para la basura, Marlene y su equipo cumplen la exigente labor de mantener limpia una vía de tierra y asfalto que tiene constante tránsito vehicular y donde no falta quien saque una mano por la ventana del auto para arrojar envoltorios de chocolate o cáscaras de fruta.

Sin embargo, en todos estos años de trayectoria en el servicio municipal —antes fue fiscalizadora—, Marlene ha notado algunas diferencias. Al hacer la comparación entre el pasado y el presente, comenta que la gente ha sido sensibilizada y que hoy le están dando menos chamba. «Antes hasta desmonte botaban acá», indica.

Ciertamente, las campañas comunicacionales de PROHVILLA y la pandemia por la covid-19 han tenido un impacto en la percepción de los vecinos de Lima sobre ese territorio de juncos cuya supervivencia, en medio de la urbe gris, ha sido calificada incluso de milagro. «La gente se siente más segura de estar en este ambiente turístico porque es un espacio abierto. Por lo general, son personas que vienen por primera vez. Están a gusto y quieren invitar a sus amistades. Dicen que, teniéndola tan cerca, no han podido aprovechar esta área ecológica», revela Marlene.

Pero una numerosa concurrencia implica más trabajo. La exigencia por la pulcritud también aumentó en tiempos en que el coronavirus podía encontrarse en cualquier superficie. Prevenir los contagios era la misión. Marlene y sus compañeras comenzaron a pasar el trapo por las barandas con mayor frecuencia y a desinfectar todo lo que los dedos pudiesen tocar. Cumplir con esta encomienda propició discrepancias en el equipo de limpieza, pero la señora Pacheco dice que supieron sobrellevarlas y por eso está muy contenta con su lugar de trabajo y destaca la calidad de su grupo humano.

La buena química se refleja en el resultado.

Una de las mayores satisfacciones de Marlene es que el público aplauda su tarea. «Hubo una vez en que una señora preguntó quién era la encargada de la limpieza. Me presenté y me felicitó. Dijo que Pantanos había mejorado mucho y que estaba muy contenta con esta gestión. A mí eso me da fuerza», relata.

Su familia también reconoce la importancia del granito de arena que —como dice ella— aporta a la conservación: «Les muestro fotos y videos de cuando hacemos la limpieza. Me dicen “Mamá, qué bonito lugar, es hermoso”. Me dicen “Prima, es un trabajo tranquilo, es como si estuvieras en el paraíso”», sonríe.

Efectivamente, Pantanos de Villa es un paraíso. Hoy alberga al 54% de la avifauna de Lima y al 10% de aves amenazadas del Perú. Este apacible medio se ha vuelto también un hábitat para Marlene. Conoce sus rincones y disfruta tanto de la flora como de la fauna, aunque tiene sus preferencias. «Mi ave favorita es el Siete Colores, es pequeñita y difícil de ver. Cuando vienen fotógrafos, los ayudo con la guía porque sé más o menos dónde se esconde. Siempre he tenido la suerte de encontrar a esta especie», dice.

Es por estos motivos que a Marlene Pacheco le gustaría retirarse y colgar las escobas en Pantanos de Villa. «El aire que se respira es puro, una se siente libre acá, es un relajo. No hay contaminación, no hay bulla, es como si estuvieras apartada de la ciudad. Y cada día aprendo más de la flora y de la fauna», asegura.

Además del cuidado ornamental, Marlene Pacheco conduce las embarcaciones, bote y catamarán, en las que los visitantes pasean por la laguna Génesis. En el marco del Día Internacional de la Mujer, reivindica a las de su género:

Las mujeres también podemos realizar todo tipo de trabajo: hoy hay mecánicas, electricistas, ingenieras, hay de todo. Aquí no tiene que ver la fuerza o el machismo que había, cada quien tiene su manera de trabajar y es importante que nos sintamos cómodas. Como mujeres, nosotras estamos satisfechas de poder lograr los objetivos. Yo estoy muy orgullosa.  

Finalmente, comenta con emoción lo que Pantanos de Villa le ha dado:

«En este humedal mi vida ha cambiado, incluso psicológicamente, es muy distinta la realidad acá. Ni en mis sueños hubiera imaginado que iba a manejar un bote, remar, esas cosas. Todo esto me ayuda mucho a mí y también a formar a mi hijo y a mi hija de la manera correcta para que también realicen sus sueños».

Y en ese sueño la dejamos y así esperamos verla siempre: feliz en medio de un remanso de paz.

Te invitamos a mirar la galería fotográfica «Mujeres del Humedal».

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